El obispo de Mostar: de la confianza a la duda
Cuando los seis jóvenes empezaron a contar lo que decían ver, el obispo de Mostar-Duvno era Mons. Pavao Žanić. El 21 de julio de 1981 se reunió con ellos y, según la cronología que Mons. Armando Matteo expuso en 2024 al presentar la Nota, seguía convencido de que no mentían. Cuatro días después, fiesta de Santiago, lo dijo en la homilía y añadió que nadie los había instigado (capítulo 4).913
Después, su parecer cambió. El 19 de noviembre de 1983 envió a la Congregación para la Doctrina de la Fe un informe confidencial con dudas muy fuertes. El 30 de octubre de 1984 publicó un escrito contrario, que ya en el título se presentaba como posición no oficial de su curia.913
Para estudiar los hechos había formado, en enero de 1982, una comisión de cuatro miembros. En febrero de 1984, por consejo de los obispos de Yugoslavia, la amplió —a catorce, según el archivo de la parroquia—, y la nueva comisión se reunió por primera vez el 23 y 24 de marzo. El 19 de mayo de 1986 dio su parecer: once votos contra cuatro por el non constat de supernaturalitate, es decir, no consta el carácter sobrenatural.913
De Mostar a los obispos de Yugoslavia
Antes de ese voto ya habían hablado los demás obispos. El 12 de octubre de 1984, la Conferencia Episcopal de Yugoslavia recordó que valorar unas apariciones corresponde a la autoridad de la Iglesia y prohibió las peregrinaciones oficiales a Medjugorje. La palabra importa: oficiales. La diferencia entre la peregrinación que organiza una diócesis y la que hace cada fiel por su cuenta volverá una y otra vez.9
El parecer de 1986 tampoco cerró el estudio. Ese mismo año, cuenta Matteo, el pronuncio en Belgrado dio un dictamen negativo sobre el trabajo de la comisión diocesana, y la Congregación decidió confiar un nuevo examen a la Conferencia Episcopal, cuya comisión trabajó del 9 de abril de 1987 a abril de 1991.9
Era prefecto de la Congregación el cardenal Joseph Ratzinger. Ya en 1985, recordó en 2024 el cardenal Víctor Manuel Fernández, proponía separar dos preguntas: la del carácter sobrenatural de una aparición y la de sus frutos espirituales.5
Zadar, 10 de abril de 1991
Los obispos de Yugoslavia se reunieron en Zadar del 9 al 11 de abril de 1991 y, con fecha del día 10, publicaron una declaración breve. Su frase central, en la traducción de Vatican News, dice que, con las investigaciones hechas hasta entonces,14
«no es posible afirmar que se trate de apariciones y fenómenos sobrenaturales»9
Eso es lo que dice: que no puede afirmarse. Lo que no dice es que conste lo contrario. Fernández lo subrayó: la declaración se limita a esa frase, a diferencia de la opinión más tajante del obispo de Mostar.5
El resto del texto mira a la gente. A Medjugorje llegan fieles de muchas partes, por fe y también por otras razones, y los obispos reconocen que hay que atenderlos: le toca primero al obispo del lugar y, con él, a los demás. El fin lo dicen así: que allí «se promueva una sana devoción a la Bienaventurada Virgen María, de acuerdo con la enseñanza de la Iglesia». Para eso anuncian indicaciones litúrgicas y pastorales, y se comprometen a seguir estudiando, por medio de su comisión, lo que allí ocurre. A finales de junio empezó la guerra, y con Yugoslavia se deshizo también su conferencia episcopal (capítulo 7).91314
Los años noventa: ¿se puede peregrinar?
En 1993, Mons. Ratko Perić sucedió a Mons. Žanić y mantuvo su postura contraria. El 28 de octubre de 1994 pidió a Juan Pablo II una comisión que diera un veredicto definitivo.913
Mientras tanto, otros obispos preguntaban a Roma si sus fieles podían ir. El 23 de marzo de 1996, el secretario de la Congregación, Mons. Tarcisio Bertone, respondió al obispo de Langres que, a la vista de Zadar, parroquias y diócesis no podían organizar peregrinaciones oficiales a Medjugorje como lugar de apariciones auténticas. Muchos medios lo leyeron como una prohibición. El portavoz de la Santa Sede, Joaquín Navarro-Valls, lo desmintió, y el 21 de agosto aclaró que nada había cambiado: quien quisiera ir podía hacerlo, también en grupo y con un sacerdote.14
En 1998, otra carta de Bertone, al obispo de Saint-Denis de La Réunion, lo dejó por escrito. Empezaba recordando que la Santa Sede no suele tomar una posición propia, en primera instancia, ante presuntos hechos sobrenaturales; por eso la Congregación se atenía a Zadar. Las peregrinaciones privadas estaban permitidas, siempre que no se tomaran como un reconocimiento de los hechos. Y la convicción de Mons. Perić —para él constaba que no eran sobrenaturales— era su opinión personal, que como obispo del lugar tenía derecho a expresar; no era la de la Congregación. Un nuevo examen tocaría, llegado el caso, a los obispos de Bosnia y Herzegovina, que después declararon que no estaban en condiciones de emprenderlo ni lo consideraban oportuno.914
La comisión internacional (2010 – 2014)
Como Zadar no produjo los efectos esperados, explicó Fernández, Benedicto XVI decidió crear una comisión internacional, ajena a los problemas internos de la Iglesia en Yugoslavia. El 17 de marzo de 2010, la Sala de Prensa de la Santa Sede comunicó que se había constituido en la Congregación, presidida por el cardenal Camillo Ruini; Matteo fecha la decisión del Papa dos años antes, el 14 de enero de 2008. La comisión se reunió por primera vez el 26 de marzo. Un segundo comunicado nombra, además del presidente, a once miembros —entre ellos los cardenales Tomko, Puljić, Bozanić y Herranz—, un secretario adjunto y cuatro expertos, y avisa de que trabajarían con rigurosa reserva.2359
Según Vatican News, la comisión se reunió diecisiete veces; examinó la documentación del Vaticano, de la parroquia y hasta de los archivos de los servicios secretos de la antigua Yugoslavia; escuchó a los videntes y a otros testigos, y en abril de 2012 fue a Medjugorje. Terminó el 17 de enero de 2014 y entregó al papa Francisco un informe con su voto y con propuestas pastorales, que nunca se ha publicado oficialmente: según Matteo, porque así lo pidió expresamente la Congregación.91011
De sus resultados, este capítulo recoge lo que se dijo en tres ruedas de prensa, sin armonizarlo. En junio de 2015, Francisco dijo que la comisión había hecho un buen trabajo y que la decisión estaba cerca. En mayo de 2017 elogió el informe y distinguió: sobre las primeras apariciones, venía a decir el informe que había que seguir investigando; sobre las presuntas apariciones actuales, tenía sus dudas. En septiembre de 2024, Fernández —en una presentación que él mismo declaró no oficial y que solo existe en italiano— dio los votos. Para las siete primeras presuntas apariciones: trece a favor de su carácter sobrenatural, uno en contra y uno por esperar. Para las posteriores: dos en contra y doce sin juicio definitivo. Los frutos: positivos, o sobre todo positivos, para once de catorce. Y una mayoría favorable a una autoridad dependiente de la Santa Sede.578
Parecer de estudio y decisión
El voto de la comisión diocesana y el informe de la comisión Ruini fueron pareceres de estudio: trabajo de consulta, que se entrega a quien debe decidir. La convicción de Mons. Perić, una opinión personal. Con autoridad hablaron los obispos de Yugoslavia, y la Congregación en sus cartas; pero hablaron para dejar la pregunta abierta: no puede afirmarse, hay que seguir estudiando, hay que cuidar a los fieles.23914
Ninguna de estas etapas fue, pues, un juicio definitivo. La Nota de 2024 las recuerda como una historia larga y compleja, de opiniones encontradas (n. 1). Tras el informe Ruini, cuenta Matteo, la Congregación pidió el parecer de dos expertos, que llegaron a resultados muy diferentes de los de la comisión Ruini, y en diciembre de 2015, con toda la documentación en la mano, el papa Francisco se reservó la decisión.19
Lo que hizo con ella se cuenta en el capítulo 9, hasta la Nota de 2024, que pide ir a Medjugorje para encontrarse con María y con Cristo, no con los videntes (n. 41).1